Es curioso ver la tabla de posiciones del Torneo Clausura y encontrar a Alianza Lima ubicado en la última casilla. Pero es cierto. No nos estamos pasando de vueltas ni es una pesadilla: es la realidad que demuestra -con números fríos- que se ha obtenido solo cinco puntos en los seis partidos disputados hasta la fecha. Una sola victoria, frente al Total Clean en Matute, y dos empates obtenidos en los viajes a Piura y Huaraz arrojan tal puntuación. Lo demás son derrotas y, sabiendo que ocurrieron en casa, duelen más. Distintos factores son causantes de esta situación; los más conocidos los siguientes: La partida de Martín Liguera, eje fundamental del mediocampo; las repetidas lesiones de Maestri, goleador que guió a los blanquiazules hacia el título en 2006 y, sobre todo (eso se cree), el desempeño del entrenador uruguayo Diego Aguirre, quien no logró transmitirle al plantel sus conceptos y llevarlo a posiciones expectantes. Pero, sobre todo, el hecho de que durante el Apertura no nos fue nada bien.
La dirigencia ha optado, esta semana, por prescindir del estratega charrúa y ya se rumorea una lista de reemplazantes. Dentro de esa nómina destacan el chileno Miguel Ángel Arrué, el argentino Jorge Sampaoli, Miguel Company y hasta el mismo Julio César Uribe. Se sabe que lo primero en hacer es trabajar con la cantera, promover jugadores de las inferiores y alternarlos con la gente de experiencia. Y así, Arrué sería la alternativa ideal, según palabra de los directivos, pues tiene como antecedente haber realizado una tarea similar en el año 1992, cuando, en medio de una crisis, forjó la aparición de los denominados “potrillos”.
Por el momento, quien va colocándose el buzo es el asistente José Soto, referente aliancista que deberá servir como nexo entre el plantel y el nuevo técnico, para saber cómo salir de esta situación y motivar al cuadro a ir en busca de lo que por tradición le pertenece: tentar el título o una posición arriba en la tabla. Aunque lo primero sea complicado, los esfuerzos no deben cesar. Alianza vive acostumbrado a hacer frente a los momentos de riesgo. Está en la recuperación del cuadro blanquiazul demostrar qué somos, entregarnos hasta la última gota de sudor y dejarlo todo en la cancha.
La postergación del clásico hasta el 3 de octubre viene bien. Hasta esa fecha el equipo puede haber recuperado el ánimo, ganado más puntos de los que tiene, haberse asentado y mostrado el nivel que nos hace sentir orgullosos de ser aliancistas. El rival para ese fin de semana será la “U”, y entonces habrá doble motivo. Vestiremos de blanco y morado e iremos a demostrarles quiénes mandan en los clásicos. ¡Sí, señor!, como siempre: ¡ALIANZA LIMA!