Se coge la cabeza con extrema desesperación y angustia. Gerardo Pelusso hoy en día habla solo en su caminar pausado y triste, grita, revienta en furia, porque a su gente ya no le sale nada en una cancha...
Y también tiene que soportar la ráfaga de insultos y bronca de una popular sur que comenzó a impacientarse y pedir su cabeza, porque no hay cuándo acaben las derrotas, los sufrimientos, los desaires.
Y es que Alianza no solo se cansó de perder en la Copa sin el menor remordimiento, sino también ahora lo hace en un torneo local, donde todos vemos cómo se desangra un equipo carente de ideas, de sorpresas y repleto de errores involuntarios y por qué no, de problemas anímicos. Ante San Martín, los íntimos volvieron a mostrar -cayeron 2-0- todas esas debilidades que ya le costaron la pérdida de la punta y, en cualquier momento, esta crisis podría ahondarse mucho más. Claro, con salidas por adelantado, más allá que los dirigentes quieran ocultarlo.Lo de San Martín fue claro para quedarse con el triunfo y la punta del Apertura. Simplemente impusieron un fútbol ordenado, disciplinado, efectivo y, sobre todo, dejaron atrás sus temores para jugar contra Alianza, ya que sacaron el máximo provecho a los múltiples problemas de los blanquiazules. Primero Hernán Rengifo y luego Pedro García desnudaron esos horrores defensivos que ya se hacen una constante en los victorianos. ¿Por qué no arrancó Ross en el ataque? Nadie lo entiende.
En resumen, acaso, ¿Alianza pierde sus partidos porque sus jugadores se dejan estar en la cancha? ¿Hay falta de capacidad? ¿Presión? ¿Errores de Pelusso al conformar el equipo? ¿No hay suerte?... Creemos que hay un poco de todo. Pero es momento de poner soluciones, de lo contrario, las consecuencias pueden costar caro, muy caro.