Esa frase fue concluyente. Con ella se marcó un hito en la breve historia de Gerardo Pelusso en Alianza. Un antes y un después. Si hasta ayer, a regañadientes, su presencia en el banco de suplentes se aceptaba por el mérito de ser campeón, desde hoy todo será distinto. El empate ante Melgar dejó al descubierto la insatisfacción de esa masa popular que lo respaldó. El pueblo lo puso y ahora el pueblo tiene el poder de sacarlo.
La prehistoria de Pelusso llegó a su fin con esa frase: “¡Ohhh, Pelusso ya se va...!”, que se repetía como estribillo lastimero desde el “Comando Svr”, mientras el resto de los presentes, cómplice de la sentencia, partía dando la vuelta, cabeza gacha, como aceptando que el crédito terminó por acabársele al uruguayo. Así concluyó la etapa más resaltante de la vida de Pelusso en el Perú.
Y fue acabando por episodios, como en una lacrimógena película hindú, donde la tristeza es el único elemento posible. Acabó primero cuando “Cafú” Salazar perdió inexplicablemente la posición ante Zúñiga, y le cometió una falta en el área tan inusitada como precaria, apenas con 11 minutos en el reloj. Se acabó cuando el mismo “Cachete” mandó a guardar el balón dos minutos después desde los doce pasos.
Y se seguiría acabando cuando Maestri marró ese otro penal logrado por Olcese sólo dos minutos después. Se empezó a ir al diablo en el momento en que Jayo, con actitud pueril, le aplicó a Zúñiga un golpe en ese lugar que la barra aliancista le exige tener a todos sus jugadores: huevos. Empezó a llegar a su fin aun cuando Viza descontó a los 3’ de la complementaria. Porque así son los finales tristes, te esperanzan sin ningún sentido.
Y terminó por acabarse cuando Carlos Zegarra se dejó expulsar a falta de cinco minutos, y cuando Flavio, rendido por una lesión, abandonó el campo dejando a este Alianza de ocho hombres, desvalido, desconsolado, perdido, sencillamente rendido. Fue ahí que la historia de Pelusso se quebró definitivamente. “Fuera mier...”, le repitieron como para que no tenga la menor duda de que el mensaje era exclusivamente para él.
Esa prehistoria que tuvo una primera era épica de lucha, sacrificio y merecido apogeo con el campeonato 2006, y una posterior, de fracaso rotundo en la Copa, concluyó definitivamente. Tuvo su The End. Desde hoy empieza la era de la despedida, el presente irrespirable para Pelusso, en el que el “Comando Svr” tan sólo vivirá para recordarle que ya no es más técnico para Alianza. Porque el pueblo lo puso y ahora podrá sacarlo. Más si hoy pierde la punta.