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Parecía ser una noche favorable: 31 de octubre, día de la canción criolla. Pero esta vez no hubo baile ni peña. Saltaba a la cancha el equipo grone, saludaba a sus parciales, quienes alentaron sin dar tregua y así empezaba el lance, con ataques tibios luego del pitazo inicial de Pacheco.
Toques por aquí, corridas por los flancos y una calculada anticipación de los centrales que, como Arakaki, al inicio lograban imponerse a las pretensiones de la delantera santa. Solo al inicio; más tarde vendrían las complicaciones. La novedad era la inclusión del juvenil Manco desde el arranque. El ecuatoriano Saritama fungía de creativo cabal y trataba de apoyarse en Viza y Reimond, dejando arriba a Flavio Maestri, a la espera de capitalizar la primera conquista. El tiempo avanzaba y la San Martín se sacudía de su inacción, pese a que los íntimos apretaban la marca desde la salida. El encuentro se tornaba parejo pero también mordido por secuencias, debido a las recurrentes faltas por parte de los jugadores de ambos elencos. La derrota del Bolognesi, puntero del torneo, nos servía para que, de ganar, aminoremos esa ventaja numérica que nos lleva. No pasó y hay que corregir algunas cosas. Para el segundo tiempo el trámite se inclinó, aunque ligeramente, a favor de la San Martín. Con los cambios hechos por Arrué, uno por lesión del lateral Guizazola, reemplazado por Olcese, y otro, que fue el ingreso de Benavides por Manco, Alianza logró ejercer el dominio por instantes, desperdiciando un par de oportunidades de gol, mientras el choque se aletargaba por la seguidilla de infracciones y posiciones de adelanto. 0 a 0 que nos indica que los partidos no solo se ganan con la camiseta ni con la historia. 0 a 0 que, no obstante mezquino, nos revela cierta regularidad en jugadores como el “Memo” Salas, quien varias fechas viene desempeñándose en la novedosa posición de lateral izquierdo. Finalmente, 0 a 0 como sinónimo de una disputa equilibrada que pecó de ser rala, ahí, medio perdida. A mejorar se ha dicho, señores. |